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05-03-2010 | 04:52 local
"ES MI DESEO QUE EN EL BICENTENARIO SIGAMOS HACIENDO PATRIA DESDE RAFAELA"
 

En un discurso mesurado y tranquilo, que tuvo más que ver con historia que con política partidaria, que permitió resaltar lo trascendental del "Bicentenario",y se preocupó por rescatar las virtudes de la sociedad rafaelina, el intendente Omar Perotti, inauguró el año de Sesiones Ordinarias del Concejo Municipal.

Allí además , anunció modificaciones estructurales en su Gabinete, cosa que por otra parte ya se venía perfilando.

CAMBIOS EN EL GABINETE

A los efectos de la nueva organización se ha definido que la actual Jefatura de Gabinete se convierta en una Secretaria de Gobierno se unifiquen las actuales Secretaría de Educación y Cultura.

El gabinete del intendente Omar Perotti no sufriría mayores modificaciones a las ya conocidas con el ingreso de Marcelo Lombardo (Desarrollo Social) y Alberto Trivisonno (Salud)

El nuevo organigrama que establecido de la siguiente manera:

SECRETARIAS
Secretaria de Gobierno: Mario Rossini

Secretaría de Gestión y Participación: Roberto Mirabella

Secretaría General de Intendencia: Marcos Corach

Secretaría de Obras Públicas y Planeamiento Urbano: Daniel Ricotti.

Secretaría de Servicios y Espacios Públicos: Marta Engler

Secretaría de Desarrollo, Innovación y Relaciones Internacionales: Germán Bürcher

Secretaría de Desarrollo Social: Marcelo Lombardo

Secretaría de Hacienda y Finanzas: Edelmiro Fassi

Secretaria de Educación y Cultura: Gabriela Culzoni


SUBSECRETARIAS
Subsecretaría de Seguridad Vial y Ciudadana: José Carusso

Subsecretaría de Obras Públicas y Privadas: Luis Ambort

Subsecretaría de Salud: Alberto Trivisonno

Subsecretaría de Presupuesto y Control de GestiónMarcela Basano

DISCURSO COMPLETO

Señora concejal,
señores concejales:
La apertura de sesiones del Concejo Municipal, acto público, formal,
presenta habitualmente la posibilidad de plantear las concreciones de los
años anteriores y los lineamientos futuros de gestión.
Sin embargo, el Bicentenario argentino nos invita a orientar nuestras
reflexiones en otra dirección.
Porque en este 2010, en que la Patria cumple 200 años, se impone un
ejercicio de la memoria que nos aparte de lo rutinario.
El 25 de mayo de 1810 nació la patria. La constitución del Primer Gobierno
Patrio fue la cristalización de los sueños, los ideales y los desvelos de un
puñado de hombres y mujeres que creyeron posible la construcción de nuestro
país.
En la memoria colectiva de los argentinos la imagen del Cabildo y del pueblo
convocado en sus puertas constituyen la representación visual de la
Revolución de Mayo.
Y el Cabildo, desde la época del Virreynato, constituye el primer
antecedente de organización municipal. Entonces podríamos decir, desde esta
perspectiva, que la Revolución de Mayo tuvo en sus orígenes un carácter
municipal.
Por eso, 200 años después, desde los municipios y las comunas, a lo largo y
a lo ancho del territorio argentino, se sigue construyendo la patria. Es en
las ciudades donde se origina y se desarrolla ciudadanía.
En esta construcción Rafaela tiene su cuota de responsabilidad. Hacer Nación
desde nuestra pequeña democracia local es asumir el compromiso diario de
trabajar por una ciudad respetuosa de su historia, con capacidad y
creatividad para elaborar soluciones a los desafíos del futuro. Poniendo al
bien común como fin supremo de la conducta individual de cada uno de sus
ciudadanos.
Una ciudad segura de su potencialidad, sustentable en su desarrollo,
solidaria e inclusiva.
Mientras sucedían en Buenos Aires los acontecimientos de la Semana de Mayo,
estas tierras no eran más que una porción desolada de la pampa amplia y
desafiante. Cubierta de espinillos, chircas y algarrobos.
En 1910, en ocasión del Centenario de la Nación, la novel Rafaela contaba
con aproximadamente 7.000 habitantes. La impronta de nuestros abuelos la
convertían en una comunidad vigorosa que ya contaba con 4 líneas férreas,
tendido de electricidad desde 1908, servicio de correos y telégrafos.

En su población había médicos, abogados, escribanos y docentes y era sede de
molinos, cremerías, fábricas de manteca y carpinterías. La educación ya
ocupaba un lugar preponderante en las inquietudes de nuestros vecinos:
existían 3 escuelas públicas y 12 instituciones de enseñanza privada.
Esos son sólo algunos ejemplos de la notable capacidad de una comunidad, que
pudo transformarse en sólo 30 años desde su formación, en un centro
productivo, administrativo y comercial de envergadura en la región. Tres
años después del centenario el pueblo de Rafaela concretó un sueño
colectivo: convertirse en ciudad.
Hoy, Rafaela ocupa con orgullo un espacio propio en la Nación gracias al
trabajo de nuestra gente, la capacidad de sus trabajadores, empresarios,
profesionales, docentes, deportistas y artistas.
Seguimos siendo una comunidad que no baja los brazos, que no se resigna, que
sabe lo que quiere y trabaja para lograrlo, que no elude sus problemas, sino
que intenta resolverlos en base al diálogo y al consenso.
Que es conciente de que los logros son cuestión de tiempo y esfuerzo.
Que entendió que al futuro hay que construirlo desde los valores, el trabajo
y los sueños.
Que sabe que es fundamental elevar constantemente las capacidades laborales
de todos, sumando la tecnología y la innovación que promueven y potencian
nuestras condiciones competitivas, que nos permiten llevar con orgullo el
trabajo rafaelino a los cinco continentes.
Somos una comunidad que sostiene la idea de una ciudad que debe hacerse
entre todos.
Con orgullo sentimos que la nuestra es una ciudad diferente, con su gente
exigente, inquieta, emprendedora, que se esfuerza cada día para hacer las
cosas mejor.
El 2010 nos alcanza llegando a los 100.000 habitantes, integrando el grupo
de las más de 3.900 ciudades de esta magnitud que existen en el mundo.
Pero pensamos que hoy ser ciudad no sólo es tener tal cantidad de
habitantes; ser ciudad es mantener una cobertura de servicios de calidad,
construir obras de infraestructura estratégicas que acompañen el crecimiento
de la población.
Significa emprender la tarea colectiva de sostener el vínculo de confianza
entre todos los sectores, poseer la capacidad de proyectar los intereses
individuales en objetivos colectivos, tener a la educación como el mejor
motor de ascenso social, compartir y respetar valores éticos.
Rasgos y prácticas que forman parte de una sociedad rafaelina que
diariamente emprende la tarea de ser ciudad, de seguir siendo comunidad.

En los últimos años, nos ha tocado a todos nosotros desde la gestión
pública, aportar a este Bicentenario. Han sido años en el que hemos querido
sumar a todas las realizaciones de las gestiones anteriores una visión
propia de cómo gestionar el Estado local, que supera la mera prestación de
alumbrado, barrido y limpieza.
Que se nutre de los mejores valores de la historia rafaelina e incorpora
nuestras convicciones, siendo parte de los esfuerzos de una comunidad que
quiere ser protagonista, que siempre quiere seguir pujante.
Hemos apostado y seguiremos apostando por una gestión del Estado local que
sea confiable en el manejo de los fondos públicos, que tenga incorporada a
la calidad.
Que incentive la innovación.
Que mantenga activa permanentemente la capacidad de atraer inversiones, la
búsqueda de recursos ante organismos internacionales, el Estado Nacional y
el Provincial. Porque la nuestra es una ciudad de escala pequeña, de escala
PYME, pero con necesidades y reclamos de dimensión de las grandes ciudades.
Enfrentarlos sólo con los recursos de los rafaelinos no alcanza.
Buena administración local, gestión con búsqueda incesante de recursos y el
acompañamiento de este Concejo Municipal, nos permiten transitar la época de
mayor inversión en obra pública de la historia de la ciudad.
Y además tenemos el convencimiento de que el año del Bicentenario será el
inicio de una de las obras estratégicas más importantes para la ciudad y la
región, a la que hemos llamado desde un primer momento la Autovía de la
Producción, sobre la Ruta 34, incluyendo la Variante Rafaela o desvío de
tránsito pesado.
Estamos próximos a que todas las gestiones y esfuerzos realizados den sus
frutos.
Y deseamos que otra obra fundamental para nuestro desarrollo, como los
Acueductos, tenga su materialización efectiva en el inicio de obras,
garantía de recursos y firmeza en la decisión política de su continuidad.
Toda la infraestructura que la ciudad va sumando, la impronta de la gestión,
la manera de relacionarnos con nuestra comunidad, no han surgido por
casualidad, sino que son resultados de una visión concreta de la cosa
pública, un modo de concebir la política.
El Consejo Consultivo Social viene dando forma a la Agenda Estratégica de
Rafaela 2010-2016.
El avance de esa Agenda se nutre del aporte de todos los sectores de la
ciudad y construye una visión compartida, planificada y a largo plazo de la
ciudad y el abordaje de 5 grandes desafíos:
Edificar un territorio integrado y sustentable.
Lograr más competitividad económica.
Obtener una mayor cohesión social.
Propiciar la innovación y el conocimiento, y
Construir ciudadanía y gobernabilidad democrática.
La educación es el elemento común a cada uno de estos cinco desafíos a
enfrentar. La educación define qué valores se trasmiten, qué conocimientos
se generan, qué capacidades humanas se tienen. En esencia: qué sociedad es
la que se construye.
Esas 3 escuelas públicas y 12 instituciones privadas que poseía Rafaela en
1910, no es un dato anecdótico. Es para nosotros la clara muestra que gran
parte de lo que somos como ciudad, se lo debemos al lugar que ocupó la
educación en nuestra historia.
Reafirmar valores que creemos han sido claves para el desarrollo de Rafaela
es lo que nos lleva a ubicar a la educación como nuestra prioridad central
en el año del Bicentenario.
Manuel Belgrano, uno de los padres de la Patria que tuvo especial
protagonismo en la semana de mayo, se preguntaba: “¿Cómo se quiere que los
hombres tengan amor al trabajo, que haya copia de ciudadanos honrados, si no
hay enseñanza y la ignorancia va pasando de generación en generación?”. Y se
respondía: “Sin enseñanza persiste la ignorancia, sin educación, la
barbarie. Para encauzarse en la senda del progreso lo que más urge, pues, es
ampliar y diversificar los establecimientos educativos”.
En la Rafaela del Bicentenario, se homenajean esas palabras con hechos. Este
Concejo fue testigo en años anteriores de los informes de nuestras gestiones
para lograr la construcción de nuevos edificios educativos, y nos apoyó
decididamente para que hoy podamos ver 3 ya terminados y 4 en plena
construcción, cuya finalización está prevista para este año.
30 millones de pesos son una contribución importante para acompañar con
infraestructura el gran crecimiento de la matrícula educativa de nuestra
ciudad. El Plan Nacional, atendiendo las gestiones locales, está financiando
una obra para que en el Bicentenario el Instituto Superior del Profesorado
pueda, definitivamente, contar con su edificio.
Nuestra institución “formadora de formadores”, contará con un espacio
moderno y cómodo, que fortalecerá la posición de nuestra ciudad como centro
de formación de docentes de toda la región.
Dijimos desde el inicio de nuestra gestión que no poseemos escuelas
municipales, pero en las escuelas de la ciudad se educan niños y jóvenes
rafaelinos.
Eso nos llevó en todos estos años a realizar esfuerzos permanentes y
crecientes para tener a nuestras escuelas de la mejor manera desde el punto
de vista de la infraestructura, el equipamiento y el acceso a las Tics,
acompañamos a los docentes con actividades de formación, aportamos fondos
para becas y actividades extracurriculares.
Este año del Bicentenario sumaremos a esas iniciativas el Programa de
Inclusión Educativa, que es un compromiso ético por la inclusión.
Porque no intervenir de manera concreta en esa situación de vulnerabilidad,
es dejarse ganar por el “no se puede”, cuando justamente lo que no puede
haber es un sólo joven rafaelino fuera de la escuela y sin un oficio.
Queremos que ellos sientan lo mismo que nosotros sentíamos cuando éramos
jóvenes: uno sabía y estaba convencido de que, independientemente de la
condición social de nuestra familia, si estudiábamos y trabajábamos íbamos a
tener un futuro mejor.
Propiciamos desde nuestro lugar el compromiso de todas las fuerzas políticas
del país por una meta educativa más ambiciosa. Estamos convencidos de que
los chicos deben pasar más tiempo en la escuela. El promedio en los países
europeos es de 190 días. Corea obliga a 220 días anuales, y en América
Latina se destaca Costa Rica, con 205; seguida por Brasil, México, Perú,
Bolivia y Ecuador, con 200; Chile, con 190, y Uruguay, con 185.
Necesitamos una Argentina con más días de clases y que alcance
progresivamente una jornada escolar extendida.
Los chicos en la escuela, no en la calle. La capacidad para generar y
acceder al conocimiento es lo que va a definir el desarrollo de las regiones
en el fututo.
Una sociedad del conocimiento no es sólo una sociedad que sabe sino que
aprende.
Si queremos saber cómo será el futuro miremos dónde invertimos hoy, por eso
la apuesta es a la educación.
Señores concejales:
Queremos seguir sosteniendo valores éticos que aseguren transparencia y
generen confianza en nuestras acciones, porque el perfil del mediano y largo
plazo de una sociedad no está determinado por la declamación, sino en el
predominio de valores éticos positivos y en las prácticas de sus actores
sociales.
Una ciudad que sostiene y defiende valores debe incluir necesariamente a
toda su población en ese ejercicio. Todo derecho emana de la asunción de una
responsabilidad.
Responsabilidad en el cumplimiento de las normas de convivencia.
En el tránsito.
En el manejo responsable del medio ambiente.
En el cuidado por los espacios públicos.
En el pago de sus tributos.
La conjunción de ese tipo de prácticas por parte del Sector Público y su
comunidad, logra construir una sociedad, donde se aprende en la ciudad y de
la ciudad. Aprender de la ciudad es aprender a utilizarla, a quererla, a
cuidarla, a hacerla nuestra y así reconocerse en ella.
Somos un país bipolar. De éxitos admirables y rotundos fracasos; de avances
ejemplares y dolorosos retrocesos.

Es ineludible que nos preguntemos en este año qué Argentina deberíamos
esperar y, lo que es más significativo, qué Argentina podemos construir.
Nuestra pequeña contribución desde Rafaela es que apostemos al equilibrio y
a la sensatez.
A preservar las instituciones:
la república con sus tres poderes independientes,
la representación de la sociedad en el gobierno,
la periodicidad en los cargos públicos,
la ciudadanía protegida en sus derechos políticos, civiles y sociales.
Una Democracia que acepta la diferencia pero no la desigualdad.
Un país con un fuerte compromiso para reducir la pobreza, con mejor
distribución del ingreso, en el que la educación vuelva a sus niveles de
excelencia, con mayor cobertura de salud y donde recuperemos la seguridad
ciudadana.
Una Argentina donde la vivienda digna no sea inalcanzable, donde la justicia
no sólo exista sino que sea veloz. Donde la política dé cuenta de la vida
cotidiana de todos los argentinos sin grandes discursos pero con obstinación
de estadistas.
Donde lo que se dice coincida con lo que se hace.
Una Argentina donde el sector público y el privado dialoguen, se entiendan y
puedan articular políticas de Estado sustentables en el tiempo.

Una Argentina realmente federal e integrada regionalmente, con una
distribución de los recursos más armónica. La deuda del Federalismo hay que
saldarla con la gente, es a ella a la que deben llegar los recursos.
Los archivos históricos cuentan que el 25 de Mayo de 1910, esa Rafaela de
7000 habitantes cuya Comisión de Fomento presidía Pedro Avanthay hijo,
festejó el Centenario con fuegos artificiales, carreras de automóviles,
banquetes, juegos atléticos y juegos para niños, y se inauguró el monumento
a Manuel Belgrano.
Quiero aprovechar este mensaje para invitar a todos nuestros ciudadanos e
instituciones a que juntos trabajemos en la organización de los festejos del
Bicentenario.
Señora concejal,
señores concejales:
Los ciudadanos esperan de nosotros expresiones de respeto y actitudes de
desprendimiento, que sepamos crear redes de coincidencias por sobre la
rivalidad propia de adversarios políticos.
Decíamos varios años atrás en nuestro mensaje en este mismo recinto:
“En 2010, cuando se cumplan 200 años del primer gobierno patrio, esperamos
que en la ciudad pueda verse reflejada la impronta de un gobierno que quiso,
que supo y que pudo alcanzar un horizonte político con calidad de gestión,
calidad de servicio y calidad de vida para todos los rafaelinos”.
La visión de aquel momento tenía como punto de llegada este año del
Bicentenario. Estoy convencido, y quiero agradecer a este Concejo, ya que
juntos hemos realizado los mayores esfuerzos para estar a la altura de las
circunstancias.
Por eso esa visión se proyecta hacia el futuro y se refleja en una Rafaela
que tiene en la actualidad herramientas para aprovechar al máximo su
potencialidad, poder administrar su crecimiento y brindarle así respuestas y
oportunidades a cada uno de sus ciudadanos.
Asumimos las asignaturas pendientes y los errores cometidos. Balance que
realizamos a diario y que constituye la savia fundamental para emprender
nuevos proyectos y diseñar renovadas ideas.
Mario Benedetti escribió alguna vez “el futuro se acerca, el futuro que nos
inventamos nosotros y el azar, cada vez más nosotros y menos el azar.”
Este Intendente y su equipo de gobierno, han intentando siempre que el
futuro de nuestra ciudad dependa cada vez más de los rafaelinos y menos del
azar. Hacemos las cosas de una determinada manera, no por casualidad, sino
porque creemos en una gestión estratégica.
Es mi aspiración, que quien quiera saber cuáles eran los pensamientos de los
rafaelinos del Bicentenario, encuentre en este mensaje honestas palabras que
hayan reflejado nuestros logros y dificultades.
Y sepa que en la Rafaela del Bicentenario, las cosas se hacían con pasión,
transparencia y compromiso, que son los valores con que mejor se cimientan
los sueños.
Con orgullo rafaelino, es mi deseo que en el Bicentenario sigamos haciendo
Patria desde Rafaela. Y parafraseando a Mario Vecchioli, reafirmemos todos
que Rafaela, como la Patria, “no es un nombre que se grita, ni un mero
límite geográfico, sino un deber que obliga, una herencia de luz que
recibimos y debemos legar con luz más viva”.



 
 
 

 
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